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Fiebre ¿qué significa?

FiebreTodos hemos tenido fiebre, un incremento anormal y temporal de la temperatura corporal que relacionamos con estar enfermo y encontrarse mal. Pero, ¿todo incremento de la temperatura corporal es patológico? ¿Por qué tenemos fiebre? ¿Cumple alguna función en nuestro cuerpo? Algunas de estas preguntas todavía hoy no tienen una respuesta firme que la ciencia haya sido capaz de constatar, pero se saben algunas cosas y se han planteado algunas hipótesis que en este artículo vamos a comentar para comprender un poco más cómo funciona nuestro cuerpo.

Con variaciones entre diferentes personas y según el momento del día, la temperatura media de nuestro organismo es de 36’6ºC (axilar), pudiendo considerarse normal hasta 37’5ºC. Algunas situaciones como la ovulación, el ejercicio o la digestión, pueden incrementar todavía 0’5ºC la temperatura, por lo que consideramos fiebre, es decir, un aumento no fisiológico de la temperatura corporal cuando ésta alcanza los 38ºC. Para la temperatura inferior a 38ºC pero ligeramente elevada respecto a lo que cabría esperar (por ejemplo 37’6ºC en ausencia de procesos fisiológicos como los mencionados anteriormente), se utiliza el término febrícula.

Todas las temperaturas a las que hacemos referencia en este artículo son axilares, pero cualquier parte del cuerpo es apropiada para obtener un valor de la temperatura corporal, que deberá ser ajustada teniendo en cuenta que no todas las regiones del cuerpo están igualmente irrigadas y aisladas, por lo que la temperatura varía según la zona. En los países anglosajones, existe mayor tradición en la medición de la temperatura oral (+0’2ºC); mientras que en niños pequeños, muchas veces se opta por la medición de la temperatura rectal (+0’6ºC). Para pasar de temperatura axilar a cualquiera de las otras dos o viceversa, únicamente hay que aplicar los factores de corrección que se muestran entre paréntesis. Así, una temperatura de 38ºC tomada a nivel rectal no se puede considerar fiebre, ya que equivale a 37’4ºC axilares. A modo de curiosidad, se considera que la medición más fiable es la tomada en el cuarto inferior del esófago, siendo especialmente útil en situaciones de hipotermia, pero que está siendo desplazada poco a poco por la temperatura timpánica, más fácil de obtener.

Fiebre

Hemos comentado que la temperatura corporal varía según el momento del día. Esto es así porque sigue un ritmo circadiano, igual que ocurre, por ejemplo, con la liberación de muchas hormonas. Aquí surge otra pregunta, ¿dónde se regula la temperatura del cuerpo y cómo? A diferencia de algunos animales conocidos como “de sangre fría” (poiquilotermos), los animales homeotermos somos capaces de mantener nuestra temperatura corporal constante independientemente de la temperatura ambiental. Esto es posible gracias al centro regulador de la temperatura, situado en el hipotálamo, que permite ajustar la producción y la liberación de calor. El hipotálamo anterior regula la pérdida de calor a través de la vasodilatación de la piel y la sudoración cuando se incrementa la temperatura; mientras que el hipotálamo posterior se encarga de la concentración del calor generado y de su producción en los procesos metabólicos y en la contracción muscular cuando la temperatura desciende, con sensación de frío y escalofríos.

El ritmo circadiano que sigue la temperatura corporal, hace que se produzca un pico mínimo entre las 2:00 y las 4:00 horas y un pico máximo entre las 16:00 y las 20:00 horas, repitiéndose cada día. En ningún caso estas variaciones alcanzarán los 38ºC que definen la fiebre, pero sí que es necesario tenerlo en cuenta en la valoración de una febrícula.

De lo comentado hasta el momento, se deduce que no toda variación en la temperatura corporal será patológica, pero sí toda elevación por encima de los 38ºC. Es decir, que si nos ponemos el termómetro y como resultado obtenemos una temperatura de 37’4ºC no hay que preocuparse, no es fiebre, ni se tienen “unas decimas de fiebre” como se acostumbra a decir, ni se deben tomar medidas de ningún tipo.

Las causas de la fiebre son muy variadas y, aunque lo más común son las enfermedades infecciosas, no hay que dejar de lado otras causas como procesos metabólicos anómalos, alteraciones hipotalámicas, etc.

FiebreNo es habitual que una persona presente fiebre de forma aislada. Normalmente, la fiebre forma parte de un cuadro clínico más o menos complejo con síntomas diferentes en función de la causa que la está generando. Por ejemplo, la gripe ocasiona fiebre que se acompaña de malestar general y síntomas respiratorios. En algunos casos, la fiebre aparece como único síntoma y, si se prolonga en el tiempo, obliga a descartar patologías muy diversas, como un hipertiroidismo, una vasculitis o hasta un cáncer. En caso de no encontrarse una causa para la fiebre prolongada, recibe el nombre de “fiebre de origen desconocido” (FOD), cuyo manejo supone todo un reto para el médico.

Ya sabemos qué es, cómo se regula y qué la ocasiona, pero, ¿por qué aparece y qué función cumple? Es de esperar que la única finalidad de la fiebre no sea generar malestar en el individuo, pero a día de hoy, se sabe todavía muy poco de la función que pueda desempeñar en el contexto de una enfermedad. En relación a los procesos infecciosos, se han formulado diferentes hipótesis que van enfocadas a atribuir a la fiebre una función de defensa del organismo frente al microorganismo invasor. Algunas de las relaciones que se han establecido se basan en que el incremento de la temperatura por encima de un umbral, limita el crecimiento de los microorganismos más comunes que generan patología en el ser humano, los cuales son capaces de desarrollarse muy bien a 37ºC pero no tanto a 39ºC. Además, la fiebre también juega un papel directo sobre la inmunidad, ya que se ha observado que el incremento de la temperatura acelera y aumenta la eficacia de ciertos procesos inmunitarios.

¿Deberíamos considerar pues la fiebre como un proceso fisiológico en lugar de ligarlo tanto a la patología? ¿Se debe limitar desde un primer momento la fiebre con antitérmicos? Todavía existen muchas preguntas y muy pocas respuestas. Empezamos a saber que la fiebre tiene un efecto beneficioso en la defensa de nuestro cuerpo frente a algunas enfermedades, pero un incremento mantenido de la temperatura corporal también tiene efectos secundarios dañinos para el organismo, por lo que decidir dónde está el límite entre fisiología y patología requerirá seguir investigando para poder esclarecer las funciones y limitaciones de la fiebre como defensa innata de nuestro cuerpo.

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Acerca de candres

Es licenciado en Medicina por la Universitat de Lleida. Siempre ha mostrado interés en dar a conocer lo que la mayoría no sabemos de nosotros mismos, de la máquina que nos mueve, por simplificar y hacer accesible al público general un conocimiento mayoritariamente reservado a profesionales.

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